|
Revista CONSUMER EROSKI
nº 97
marzo 2006
MEDIO AMBIENTE
Protección para los insectos.
Garantía diminuta de vida.
Normas europeas, nacionales y autonómicas protegen a
los insectos, la parte del reino animal más numerosa y
diversa, además de pieza clave de la biodiversidad
terrestre
La vida no sería posible en nuestro planeta si
desaparecieran los insectos. Pese a la asociación casi
instintiva de estos animales a algo diminuto,
irrelevante, molesto o incluso repulsivo, su presencia
garantiza la continuidad de los procesos de generación
de vida en nuestros ecosistemas. Por ello, y aunque
pueda resultar sorprendente, los legisladores han
elaborado una gran variedad de normas que los protegen
de manera directa o indirecta.
La principal directiva de la Unión Europea (UE) que
vela por este grupo de animales es la denominada
"Conservación de los hábitats naturales y de la Fauna y
Flora silvestres (Directiva 92/43/CEE)", aunque, por
ejemplo, sólo incluye a 21 insectos de las cerca de
50.000 especies que se encuentran en España. El
Ministerio de Medio Ambiente, de acuerdo con la Ley 4/89
de Protección de la Naturaleza, ha redactado un catálogo
de especies protegidas en el que incluye a 28 tipos de
insectos repartidos entre cuatro categorías de amenaza.
Por su parte, algunas comunidades autónomas han incluido
o están en proceso de inclusión de algunas especies de
insectos en sus respectivos catálogos de protección de
fauna.
Legislación insuficiente
A pesar de la existencia
de una legislación específica, la protección de los
insectos y su consideración en las políticas ambientales
están todavía muy lejos de poder ser calificada como
satisfactoria, como indican desde la Asociación española
de Entomología (AeE) y el Centro Iberoamericano de la
Biodiversidad (CIBIO) de la Universidad de Alicante, que
afirman que de nada sirve proteger una especie si se
sigue contaminando o destruyendo el hábitat en el que
vive.
Actividades como la transformación de los usos del
suelo, la masiva utilización de pesticidas en la
agricultura, la recolección de especies con finalidad
lucrativa y sin criterio científico, el coleccionismo
furtivo, los residuos sólidos arrojados al medio o la
contaminación de las aguas tanto superficiales como
subterráneas están causando un grave desequilibrio que
lleva a la desaparición de algunas especies de
invertebrados y la proliferación de otras.
La mencionada directiva europea no engloba en su
nivel de protección ni un solo insecto polinizador,
básicos en los procesos de expansión de flores y
plantas, ni a los miles de insectos migratorios que se
desplazan todos los años entre Europa y África, ni a
ningún insecto característico de los ecosistemas
mediterráneos. No obstante, algunos países europeos
cuentan con listados de algunos grupos más vistosos,
como mariposas o libélulas, en el que se incluye un alto
porcentaje de especies a proteger.
27.000 especies extinguidas
Los científicos han
identificado y clasificado algo más de un millón de
especies, lo que supone cerca del 75% de todos los seres
vivos conocidos. Sin embargo, la variedad real es mucho
mayor. Las estimaciones de la comunidad científica
oscilan entre los 10 y los 30 millones de especies de
insectos aún sin catalogar, debido en gran medida al
gran desconocimiento que reina acerca de la
biodiversidad de muchas zonas tropicales. En la
actualidad, el ritmo anual de descubrimiento de nuevas
especies animales se sitúa en 15.000 especies, de las
que el 62% son insectos y al menos una cuarta parte de
ellas son coleópteros (escarabajos). En España, a priori
un territorio analizado ya de forma detenida, los
entomólogos descubren unas 20 especies anuales.
A la aparición constante de nuevos tipos de insectos
se contrapone el ritmo aún mayor de extinción, cifrado
en la actualidad en unas tres cada hora, lo que
representa unas 27.000 especies menos cada año. Por
ello, la AeE juzga imprescindible un cambio de
mentalidad y la dotación por parte de las instituciones
de un presupuesto para poder ofrecer los medios
necesarios a las personas encargadas de estudiar y
conservar la variedad entomológica.
España, paraíso de los insectos
España cuenta con la más
alta biodiversidad de Europa, riqueza que también se
materializa en el apartado de insectos. El número de
especies que se halla en nuestro país representa el 30%
de la riqueza de toda la Cuenca Mediterránea, con cerca
de 50.000 especies de insectos viviendo en la región
ibérica, islas Baleares y Canarias, de las que un
porcentaje muy alto es exclusiva de nuestros
ecosistemas. Entre las especies de insectos protegidos
propios de España destaca por su vistosidad la mariposa
nocturna Graellsia isabelae, que vive en pinares
de pino rojo y pino laricio. Desde hace años, la AeE, el
CIBIO y la Dirección General de Biodiversidad del
Ministerio de Medio Ambiente vienen colaborando en la
protección de este importante patrimonio natural. De
esta colaboración ha surgido por ejemplo la elaboración
del "Libro Rojo de los Invertebrados españoles", en el
que se incluyen 142 artrópodos, entre ellos 135
insectos, que deberían tener protección estricta en
España. Desde el CIBIO se apunta que su protección
futura dependerá de la iniciativa que tome este
Ministerio y las Comunidades autónomas.
¿Por qué los insectos son tan
importantes?
Los insectos, uno de los
grupos animales más antiguos que viven sobre la Tierra,
es también el que mayor número de formas posee en la
actualidad, lo que muestra una capacidad de adaptación y
supervivencia al entorno por encima del resto de formas
de vida animal. Los insectos están involucrados en la
inmensa mayoría de los procesos ecológicos que se dan en
los ecosistemas terrestres y en gran parte de lagos y
cursos de agua. De su participación depende el reciclaje
de aproximadamente el 20% de la biomasa vegetal de la
Tierra, siendo también los principales desintegradores
de los cadáveres animales y excrementos. A esto se añade
que más del 60% de las plantas dependen para sobrevivir
de los insectos polinizadores.
Desde un punto de vista científico, los insectos se
utilizan como medio para poder alcanzar numerosos
descubrimientos. Por ejemplo, muchos de los
conocimientos genéticos se deben a la mosca
Drosophila; la identificación del cromosoma X
determinante del sexo se debió a una chinche
(Heteróptero); algunas especies son bioindicadores del
estado de salud del ecosistema y son fuente potencial de
productos farmacéuticos por descubrir. Asimismo, los
insectos son también básicos en actividades económicas
humanas como la fabricación de miel y sus derivados o en
los procesos agrícolas -la polinización en invernaderos
por abejorros aumenta la producción y muchos insectos
son auténticos controladores de especies dañinas para la
agricultura-. No es de extrañar, por tanto, que algunas
civilizaciones antiguas, que vivían en relación directa
con la naturaleza, utilizaran a algunas clases de
insectos como símbolos y llegaran incluso a deificarlos.
Fuente:
http://revista.consumer.es/
|