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Conociendo a las mariposas

Curiosidades sorprendentes de las mariposas

Charaxes jasius

Probóscide de la Charaxes jasius (mariposa del madroño)

Las mariposas —y, en general, los lepidópteros— constituyen un grupo especialmente ilustrativo para comprender cómo responden los insectos a su entorno. Su ciclo vital depende de manera estrecha de plantas nutricias concretas y de condiciones microclimáticas muy específicas, y en su biología se integran adaptaciones sensoriales sofisticadas, movimientos migratorios de gran alcance y defensas químicas y morfológicas sorprendentemente eficaces. Por ello, además de su valor divulgativo, aportan indicios relevantes sobre la calidad de los hábitats y los cambios ambientales. Conocer estas curiosidades no es solo una cuestión de interés naturalista, sino que también permite situar su conservación en un contexto ecológico y científico.

“Prueban” con las patas… y también con la espiritrompa

En las mariposas adultas, la evaluación química del sustrato no se limita al primer contacto con una planta. Los tarsos albergan sensilas gustativas capaces de “probar” flores, hojas, barro húmedo, fruta en descomposición, savias u otras fuentes de alimento, y esa información puede ser relevante tanto para la alimentación como para la selección de lugares de puesta. Ahora bien, no todo el “gusto” se concentra en las patas: la espiritrompa (probóscide) también cuenta con receptores que permiten valorar el néctar y otros líquidos antes y durante la ingestión. Las antenas, por su parte, están especialmente asociadas al olfato y a la detección de señales químicas volátiles, incluidas las feromonas. Además, en algunas especies las hembras pueden reconocer compuestos que delatan la presencia previa de huevos o señales asociadas a la puesta y evitar esas plantas, reduciendo la competencia para su descendencia.

Migraciones extraordinarias

Algunas especies recorren distancias notables año tras año. La monarca (Danaus plexippus) realiza en Norteamérica una migración bien documentada: en la población oriental, el desplazamiento entre las áreas de cría y las zonas de invernada del centro de México se sitúa típicamente en el orden de 4.000–5.000 km. En el ámbito europeo y africano, la cardera (Vanessa cardui) completa un circuito multigeneracional cuyo recorrido anual acumulado se ha estimado en torno a 12.000–15.000 km. El matiz decisivo es que ningún adulto recorre por sí solo todo el trayecto: se completa por relevos generacionales.

Danaus plexippus

Danaus plexippus (monarca)

Además, ambas especies han mostrado capacidad para desplazamientos oceánicos. En V. cardui se ha verificado un cruce del Atlántico de este a oeste, desde África occidental hasta Sudamérica, de al menos 4.200 km. En la monarca, existen registros y poblaciones establecidas en la Macaronesia (Azores, Madeira y Canarias) y observaciones en sectores de la costa europea atlántica; este patrón se interpreta como compatible con dispersión transatlántica de oeste a este, aunque no forma parte de la migración regular norteamericana.

Aunque estas son dos de las migraciones más llamativas y mejor estudiadas, conviene recordar que la migración no es un fenómeno excepcional: muchas especies de lepidópteros, tanto mariposas diurnas como polillas, presentan desplazamientos estacionales regulares o movimientos migratorios oportunistas a distintas escalas.

Colores estructurales y señales de advertencia

No todo el color procede de pigmentos. En numerosas mariposas, parte de las tonalidades metálicas o cambiantes se explica por microestructuras en las escamas alares que interactúan con la luz (interferencias, difracción y reflexión selectiva); es la coloración estructural, responsable de la iridiscencia en especies como Apatura iris.

Ese mismo mecanismo está detrás de muchos azules intensos. Los pigmentos azules son relativamente raros en animales y, en la mayoría de “mariposas azules”, el tono no se debe a la presencia de color azul, sino a nanoestructuras en las escamas que reflejan preferentemente longitudes de onda azules. A menudo, estas estructuras se combinan con pigmentos oscuros en capas inferiores que absorben parte de la luz no reflejada, lo que aumenta el contraste y hace que el azul resulte más limpio y saturado.

En otros casos, el color funciona como señal de advertencia (aposematismo). Varias polillas diurnas del género Zygaena muestran rojos y negros conspicuos y presentan defensas cianogénicas: compuestos que, cuando el animal es ingerido o resulta dañado, pueden liberar sustancias tóxicas y disuadir a los depredadores. En la mariposa pavo real (Aglais io), la estrategia es distinta: los grandes ocelos alares pueden provocar un efecto de sorpresa o intimidación que interrumpe el ataque en el momento crítico.

Zygaena fausta

Zygaena fausta

Longevidad: de pocos días a casi un año

La duración de la vida adulta varía mucho entre especies. En muchas mariposas, el imago vive en torno a unos quince días (a veces algo más), tiempo suficiente para alimentarse, encontrar pareja y completar la puesta. Este dato ayuda a corregir una idea muy extendida: la mayoría no vive “un solo día”, aunque este extremo sí llega a ocurrir en algunas polillas.

Por otro lado están las que pasan el invierno como adultas, refugiadas en grietas, oquedades, hojarasca densa o construcciones, entrando en diapausa y reduciendo de forma marcada su actividad. En estos casos, la longevidad total resulta de combinar una fase activa con una fase prolongada de invernada. La limonera (Gonepteryx rhamni) figura entre las especies más longevas y puede superar con facilidad los diez meses, con máximos citados cercanos a trece. El pavo real (Aglais io) suele moverse en un rango algo menor, aunque en condiciones favorables puede aproximarse a los once meses. La antiopa (Nymphalis antiopa), por su parte, destaca por longevidades muy altas, con registros próximos al año. Son solo algunos ejemplos, ya que existen otras especies con una estrategia de invernada similar que también tienen una larga vida adulta, como Aglais urticae, Nymphalis polychloros o Polygonia c-album.

Esta estrategia no es exclusiva de las mariposas diurnas. Entre las polillas, encontramos ejemplos como Scoliopteryx libatrix, que inverna como adulta en cuevas y edificios y puede observarse desde finales de verano hasta bien entrada la primavera.

Camuflaje y variación estacional

Gonepteryx cleopatra

Gonepteryx cleopatra (limonera)

En muchas mariposas, el reverso de las alas cumple una función clave en la ocultación cuando el insecto permanece inmóvil con las alas cerradas. El camuflaje no depende solo del color: intervienen el dibujo, los contrastes, la textura que aportan las escamas e incluso la postura de reposo, que puede reforzar la integración del contorno alar en el fondo. Algunas especies imitan con notable eficacia hojas secas, cortezas u otros elementos del entorno, reduciendo así la probabilidad de detección por depredadores visuales.

La cleopatra (Gonepteryx cleopatra) y la limonera (Gonepteryx rhamni) son ejemplos clásicos: su silueta y tonalidad, combinadas con nerviaciones y matices que evocan una hoja, hacen que puedan confundirse fácilmente entre la vegetación. En otros casos, la estrategia incorpora además un componente temporal. En Araschnia levana se observa una marcada variación estacional: una forma primaveral anaranjada (forma levana) y otra estival predominantemente oscura (forma prorsa). Este polimorfismo estacional, inducido por factores ambientales durante el desarrollo, modifica el aspecto del adulto según la época del año y puede influir tanto en su visibilidad dentro del hábitat como en la eficacia del camuflaje.

Alimentación más allá del néctar

Aunque el néctar es una fuente habitual de energía, la dieta de los lepidópteros adultos es más amplia, y esa diversidad resulta útil para interpretar su historia evolutiva. Los Glossata (el gran linaje provisto de espiritrompa) están documentados ya en el Triásico-Jurásico, antes de la diversificación de las angiospermas, es decir, de las plantas con flores y frutos. Por tanto, esa estructura no pudo originarse para libar flores. Se ha propuesto que surgió como una adaptación para succionar líquidos expuestos y que, entre los recursos disponibles entonces, pudieron figurar películas de agua y exudados vegetales azucarados producidos por diversas gimnospermas mesozoicas.

En la actualidad, muchas mariposas complementan su dieta con sales minerales: acuden al barro, suelos húmedos, sudor o incluso lágrimas de vertebrados. Este comportamiento es especialmente frecuente en machos, y parte del sodio obtenido puede transferirse a la hembra mediante el espermatóforo, con posibles beneficios para la puesta.

También es común el consumo de savias, frutas muy maduras y líquidos fermentados. La cuatro colas (Charaxes jasius) o la atalanta (Vanessa atalanta) son buenos ejemplos: con frecuencia se alimentan en fruta pasada y pueden acudir a otras fuentes ricas en azúcares.

Acherontia atropos

Acherontia atropos (esfinge de la calavera)

Polillas con estrategias llamativas

Entre las polillas hay estrategias especialmente llamativas, tanto por la forma de volar como por los recursos defensivos. Las esfinges (Sphingidae) destacan por su vuelo potente y su capacidad para libar con precisión; la esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum) es un caso muy visible porque es diurna y puede observarse con facilidad en jardines, donde se mantiene suspendida frente a las flores con gran estabilidad.

En otros grupos, lo más llamativo es la ocultación o el engaño. Muchas polillas descansan con posturas que rompen su silueta y con diseños que se confunden con cortezas u hojas. La isabelina o graellsia (Actias isabelae) puede pasar inadvertida en pinares cuando reposa, pese a su gran tamaño, precisamente por su coloración y por cómo dispone las alas.

Existe además un mimetismo muy eficaz hacia himenópteros. Las sesias (Sesiidae) son un ejemplo clásico: varias especies presentan alas parcialmente transparentes y una apariencia general que recuerda a avispas o avispones; Sesia apiformis imita de forma notable a Vespa crabro. En un registro distinto, la esfinge de la calavera (Acherontia atropos) muestra un abdomen robusto con bandas amarillas y oscuras que pueden evocar el patrón de un avispón.

Bioindicadores y conservación del hábitat

Las mariposas se utilizan con frecuencia como bioindicadores porque reaccionan con rapidez a cambios en el entorno y, además, es relativamente sencillo seguir sus poblaciones con métodos repetibles. Cuando un prado se vuelve más homogéneo, se adelantan o intensifican las siegas, desaparecen los márgenes floridos o aumentan los tratamientos químicos, las comunidades de mariposas suelen cambiar de manera visible: disminuyen las especies más especializadas y pasan a dominar las más generalistas.

Un ejemplo claro de su uso como bioindicadores es el Indicador europeo de mariposas de pradera (European Grassland Butterfly Indicator). En lugar de fijarse en una sola especie, combina la evolución de varias mariposas características de praderas y ofrece una valoración integrada sobre el estado de estos hábitats. Su interés es que visibiliza de forma comprensible algo que, sobre el terreno, se traduce en pérdida de diversidad, reducción de abundancias y desaparición de especies ligadas a un manejo extensivo.

Conservar mariposas implica mantener todo el ciclo: un hábitat bien conservado, plantas nutricias para las larvas, flores para los adultos, refugios para la pupación y la invernada, y conectividad entre enclaves. En ese marco, medidas como escalonar siegas, conservar linderos y reducir insumos agrícolas suelen beneficiar también a otros invertebrados y a la flora asociada.

Comunicación química y estrategias reproductivas

En lepidópteros, gran parte de la comunicación es química. En muchas polillas, son las hembras las que emiten feromonas volátiles para atraer a los machos, que pueden detectarlas a distancias considerables gracias a antenas muy sensibles. En las mariposas diurnas, en cambio, la señal química suele formar parte del cortejo a corta distancia y, con frecuencia, son los machos quienes la aportan.

En este último caso cobran importancia las androconias: áreas con escamas modificadas, situadas habitualmente en las alas (y en algunos grupos también en el abdomen), que el macho utiliza para liberar compuestos durante la aproximación y la cópula. Estas sustancias contribuyen al reconocimiento entre individuos, pueden indicar el estado del macho y, en muchas especies, influyen en la aceptación por parte de la hembra.

Tras el apareamiento, algunas especies incorporan mecanismos que reducen la probabilidad de cópulas posteriores. En ciertos casos, el macho forma un sphragis, un tapón externo que queda en la hembra y dificulta nuevas fecundaciones. En el apolo (Parnassius apollo) este rasgo puede ser especialmente evidente, aunque no es universal y varía mucho entre grupos.

Parnasius apollo

Ejemplo de sphragis en Parnasius apollo (apolo)